La dieta influye significativamente
en el nivel de los lípidos de la sangre. Es de destacar que
los ácidos grasos son los componentes de la dieta que más
determinan la concentración de lípidos plasmáticos.
Los ácidos grasos saturados son los factores dietéticos
que más elevan el nivel de colesterol total y el LDL (''colesterol
malo''). El consumo de ácidos grasos se relaciona con la incidencia
y mortalidad por arteriosclerosis en la población. Por otro
lado, el consumo de ácidos grasos poliinsaturados y, sobre
todo, monoinsaturados tiende a disminuir el colesterol LDL y aumentar
el HDL (''colesterol bueno''). De todo esto podemos deducir que la
dieta para la hipercolesterolemia se basa, fundamentalmente, en disminuir
el contenido de ácidos grasos saturados y aumentar el de los
monoinsaturados. Globalmente, se tiene que disminuir el consumo total
de grasas, las cuales pueden ser sustituidas por hidratos de carbono
complejos. El colesterol de los alimentos también se relaciona
con la concentración de colesterol en plasma, pero es más
variable de unos individuos a otros y, en todo caso, tiene menos influencia
que los ácidos grasos saturados. Lógicamente, el consejo
en la dieta para la hipercolesterolemia es disminuir los alimentos
ricos en colesterol. Las proteínas tienen poca influencia sobre
los niveles de colesterol plasmático, por lo que puede mantenerse
su consumo habitual. En todo caso, se suelen recomendar las proteínas
de origen vegetal, algunas de las cuales parecen tener un cierto efecto
hipolipemiante. La fibra de la dieta reduce el colesterol total y
el LDL, por lo que se recomienda aumentar su consumo. Por último,
la cantidad excesiva de calorías de la dieta favorece la obesidad
y la hipercolesterolemia, por lo que la ingesta calórica debe
ser aquella que permita mantener un peso corporal adecuado.
Objetivos de la dieta hipocolesterolemiante
-Disminuir el consumo de ácidos grasos
saturados.
-Aumentar el consumo de ácidos grasos monoinsaturados.
-Disminuir los alimentos ricos en colesterol.
-Utilizar hidratos de carbono complejos en lugar de las grasas.
-Aumentar el consumo de fibra vegetal.
-Seguir una dieta normocalórica, evitando el sobrepeso y la obesidad.
Alimentos no recomendables.
-Leche entera, yogur, queso, manteca,
mantequilla, mayonesa y nata.
-Aceite de coco y palma.
-Carnes: cerdo con grasa, tocino, cordero, carnes rojas y vísceras.
-Embutidos, jamón, salchichas y paté.
-Marisco y huevas de pescado.
-Yema de huevo, salsas, pastelería y bollería.
- Recomendaciones generales.
En una primera fase, el paciente
con hipercolesterolemia debe seguir una dieta estricta en la que las
grasas totales no superen el 30% del total de calorías, debiendo
ser las saturadas de menos del 10%, las poliinsaturadas inferiores
al 10%, las monoinsaturadas superiores al 10% (recomendable entre
el 15% y el 20%) y el colesterol inferior a 300 mg diarios. Si la
hipercolesterolemia persiste, se deben intensificar las medidas dietéticas
mediante la reducción de las grasas saturadas a menos del 7%
del total de calorías y el colesterol a menos de 200 mg al
día. Las recomendaciones son las siguientes:
-Utilizar leche o yogur desnatados.
-Emplear aceite de oliva (preferentemente), maíz, soja o girasol.
-La carne debe ser siempre magra (sin grasa). Utilizar carne blanca
(ternera). El pollo y el pavo deben comerse sin piel.
-Del huevo puede comerse la clara con libertad.
-Utilizar cereales y féculas. Es preferible el pan integral.
-Las legumbres son recomendables.
-La alimentación debe ser rica en frutas y verduras.
-Puede utilizarse el azúcar, la mermelada y la miel si no se
es diabético.
-Bebidas: agua, zumo de fruta, infusiones o refrescos.
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